martes, 29 de noviembre de 2011

UN DOMINGO EN EL CENTRO MADRID




27 de Noviembre de 2011, en torno a las 13,30h, llegamos a la Puerta del Sol en el tren, salimos y nos encontramos con esta plaza emblemática, conocida por dar entrada a los nuevos años, ya decorada y engalanada para la Navidad. Por supuesto con mucha, mucha gente en su extenso suelo, ya casi todo peatonal y recientemente remodelado, incluso han movido a su sitio original la famosa estatua del oso y el madroño. Solo está de obras el edificio del cartel del Tío Pepe, que provisionalmente no está, por la remodelación de este inmueble para acoger la futura nueva tienda de Apple.

La Puerta del Sol tiene vida propia, es un lugar que nunca duerme, acoge a todo tipo de gente, turistas de todas las nacionalidades, familias, parejas de toda índole, manifestantes, policía, vagabundos, artistas diversos, carteristas, todos ellos en un equilibrio perfecto como si fuera un ecosistema propio.  Admite todo tipo de individuos, es un lugar abierto a la diversidad, aunque en las últimas fechas todo está orientado al negocio, pero siendo honesto, en esta época de crisis bienvenido sea, que no falte trabajo y que el dinero fluya, que es lo que necesitamos para salir del agujero.

Hacía bastantes años que no visitaba el centro en estas fechas, después de que el agobio se apoderara de mi persona por la marabunta de gente que nos encontramos en fechas prenavideñas al entrar en la estación de metro de Sol. Prometí no volver en esas épocas, pero las promesas de ese tipo se dicen con la boca pequeña y he vuelto. Han pasada años y cada vez llevo peor las aglomeraciones, la edad y el vivir en un pueblo son las razones principales, junto a que estamos acostumbrados a viajar fuera de temporada, entre semana, con poca gente; todo esto en conjunto me lleva no a huir de ellas, si no a evitarlas lo más posible.

Esto no significa que la experiencia no sea satisfactoria, sino que sería mejor de otra manera, pero el centro de Madrid es así, es pura ebullición. O te adaptas o te pasa por encima.  Ir en estas fechas navideñas merece la pena, ver la decoración navideña montada, unas luces muy bien escogidas, el famoso Cortylandia, el mercado navideño de la Plaza Mayor con sus puestos llenos de figuritas para el belén con todo tipo de adornos para el árbol. También tomarse una caña con un bocata de jamón o de calamares sienta de maravilla, un chocolate con churros te templa y te calienta el cuerpo. Es un espectáculo de luz y color, que no me extraña que guste tanto a los niños como a sus padres, ver a los abuelos con sus nietos, a las parejas, a la gente comprando regalos, todo un mundo propio, un engranaje perfecto que forma un conjunto curioso y  digno de ver, merece la pena incluirse en él por un día y degustar esa vitalidad que irradia esta zona de Madrid.

Solo un consejo, hay que ir con paciencia y con un pequeño itinerario en la cabeza, porque dar vueltas por aquella zona sin rumbo, puede frustrar o agobiar en ocasiones, por el gran tumulto de gente que se encuentra allí. Es difícil improvisar con tantas personas haciendo lo mismo, todo está lleno y no permite muchas libertades.

Después de una temporada sin ver Madrid en Navidades ha sido un día con buena compañía, que me ha recordado la vitalidad y la diversidad de la capital de nuestro reino. En Europa no creo que haya una ciudad con tanta energía como Madrid.

3 comentarios:

  1. Amigo Rubén, a mi también me agobia bastante el centro, aunque he de decirte que casi todos los años por estas fechas nos damos una vuelta para ver la decoración navideña y disfrutar como bien dices, del riquísimo bocata de calamares. Un beso. Agmz

    ResponderEliminar
  2. Me encanta la Puerta del Sol, he vivido durante muchos años muy cerca de ella. Es un lugar emblemático que representa la esencia de Madrid, un sitio muy concurrido por todo tipo de gente.Cuando llegan las navidades me gusta perderme por sus alrededores sin rumbo fijo. También soy de bocata de calamares. Saludos.

    ResponderEliminar
  3. A mí también me encanta el centro de Madrid, pero generalmente huyo de él en las fechas navideñas porque está tan lleno de gente que casi no se puede dar un paso. Aunque sea signo de consumismo, las aglomeraciones por compras resultan muy navideñas y se siente uno en una gran ciudad en unas fechas muy especiales. Un saludo.

    ResponderEliminar