miércoles, 18 de mayo de 2011

Nuestro Descenso del Sella

Os dejo aquí el artículo publicado en paradores activo, espero que os guste.
Gran experiencia, muy divertida, la repetiremos algún día.

Corría el año 2006, concretamente el 30 de abril , y nos convencieron para hacer el Descenso  del Sella. Nos gusta la aventura, pero como somos un poco perretes,  nos cuesta decidirnos.  La insistencia de unos primos santanderinos a los que queremos mucho,  consiguieron que nos embarcáramos en esta aventura loca.
Por supuesto de montar en piragua ni idea, no habíamos estado ni cerca de una, nos daba igual estábamos decididos a hacer ese descenso que tantas veces habíamos visto por  televisión, eso si no entero, pero si un buen trecho. Contratamos las piraguas, neoprenos y demás achiperres en una de las numerosas empresas dedicadas a estos menesteres y nos pusimos al lío. Nos decidimos por piraguas dobles, una por pareja, para afrontar los ocho kilómetros de descenso que nos aguardaban. Por supuesto te dan unas nociones del uso de la piragua, pero al llevar unos acompañantes de aventura que ya habían dado algunas paladas anteriormente, no fueron muy largas ni exhaustivas, vamos, en definitiva, que nos tiraron al agua.



Una vez en el líquido elemento, Susana delante y yo detrás, empezaron las discusiones, de si no estás dando bien las paladas, que si nos vamos hacia la orilla, que si nos damos con algún piragüista.  Fueron unos momentos críticos que poco a poco fuimos solventando, empezamos a coger ritmo y coordinación y de esta manera pudimos disfrutar cada vez más del entorno que nos envolvía. Eso si en cualquier momento, como así ocurrió la primera de unas cuantas caídas a las frías aguas del Sella. Se cayó hasta el bote estanco donde llevábamos todo, la ropa, la comida, la documentación, menos mal que con ayuda de la pareja que nos acompañaba pudimos emprender la marcha, después de algún momento de pánico creado por mí al intentar recuperar lo antes posible ese bote de supervivencia y los nervios de Susana que veía peligrar mi integridad física.
Cuando cogimos el ritmo todo fue más rodado, sobre todo cuando nos tuvimos que bajar de la piragua, cogerla en vilo y vadear  los cantos rodados, como dolían los pies, un dolor horroroso, menos mal que fue un ratico pequeño.  Con todas estas peripecias a nuestra espalda necesitábamos un descanso y antes nosotros apareció un bar, si si un bar, como lo estáis leyendo.  En mitad del recorrido del descenso del Sella, nos encontramos una multitud de piraguas aparcadas o varadas según se mire, y un tumulto de gente tomando unas cañas en un chiringuito montado en mitad de un prado verde. No fue una visión, fue real, bares que lugares, hasta en mitad de un descenso de piraguas en España somos capaces de montar un negocio como este. Pero la verdad que lo agradecimos llevábamos tres horas dando paladas y una cervecita fría se agradecía. Resultó curioso y placentero.  Comimos unos bollos preñaos y unas manzanas que teníamos de menú típico asturiano. Yo me habría metido entre pecho y espalda una fabada, pero el bar  no tenía platos calientes, solo bebidas.



Después de coger fuerzas en el bar, emprendimos la marcha y en ese momento con el estómago lleno y con un pelín más de experiencia con la piragua, esta aventura realmente se empezó a disfrutar del todo, ese paisaje asturiano verde y montañoso tan relajante y embriagador. Fue una auténtica delicia. Eso sí como siempre cuando se empieza a disfrutar al máximo el tiempo pasa a toda prisa y este último tramo se nos hizo más corto que el primero, donde sufrimos más percances y fue más adrenalítico que el segundo, quee fue más pausado y disfrutamos más del viaje a través de este río tan bello.
Los monitores de la empresa de la piraguas nos habían comentado que después de un puente teníamos que buscar una rana y allí estarían ellos esperando con una furgoneta para llevarnos por carretera al punto inicial, y muy a nuestro pesar la encontramos rápido y se nos acabo lo bueno.
Esa misma tarde fuimos al final natural del Descenso del Sella, el pueblo de Ribadesella, bonito pueblo costero en la desembocadura del río. Dimos un paseo por su centro histórico y por la ría donde desemboca este río famoso por sus salmones y por su descenso anual en piragua.
Aprovechar las oportunidades y los impulsos que te da la vida es primordial tal y como está montado el poco tiempo de ocio que tenemos.
El norte de España es una debilidad que tengo, te da gratas sorpresas cada vez que vas y Asturias no iba a ser menos. Eso sí a ver si visitamos el Parador de Cangas de Onís y aprovechamos para volver a Covadonga, con sus lagos, a la Ruta del Cares y sus desfiladeros, y a degustar sus manjares gastronómicos. Ir a Asturias lo deberían recetar los médicos para que esos días de ansiedad, es ir allí y olvidarte de los malos rollos.

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