viernes, 6 de mayo de 2011

Mi primera vez


Llevo ya varias semanas leyendo y comentando artículos en Paradores Activo y hasta hoy no me había animado a publicar uno de mi cosecha, así que creo que es justo empezar por el principio y hablar de mi primera vez... en Paradores.
Mi primer contacto con un Parador de Turismo fue en el año 1994 y lamentablemente no fue para pasar la noche (en aquella época no tenía ingresos debido a mi condición de estudiante de Bachillerato), sino para tomar un café y tener la oportunidad de visitar su interior.
Os estaréis preguntando cual fue el Parador elegido, pues bien, fue el Parador Nacional de Fuentes Carrionas en Cervera de Pisuerga.

El azar o el destino quisieron que mi familia política procediera de una aldea cercana a Cervera en plena montaña palentina y durante la Semana Santa del 94 mi novio decidió llevarme a la casa familiar a conocer a la familia de su madre. Tengo un grato recuerdo de aquellos 4 días aunque no fue sencillo. Durante el trayecto desde Madrid iba repasando el árbol genealógico que previamente me había dibujado mi chico para, al menos, conocer los nombres de las 25 personas que me iban a presentar (abuelo, tíos, primos y demás allegados).
Confieso que estaba muy nerviosa, pendiente de causar buena impresión y caer simpática. En mi favor tengo que decir que tenía apenas 18 años y sólo conocía a los padres y a los 2 hermanos de mi novio que son encantadores y me hacían sentir muy bien en su compañía.
Tras las presentaciones y saludos preliminares, la primera noche transcurrió con un frío de mil demonios dentro de un saco de dormir pero sin mayores sobresaltos.
Al día siguiente la familia de mi chico decidió que para "entrar en la familia" debía superar una prueba consistente en preparar un postre para todos, así las gastan en Palencia.
Mi chico me llevó a comprar los ingredientes necesarios para hacer un Flan de Magdalenas a Cervera y como buen Cicerone que es se le ocurrió llevarme hasta el Parador para contemplar las vistas y tomarnos un café fuera del escrutinio familiar.
Cuando llegamos y atravesé por primera vez las puertas de madera y cristal del Parador de Fuentes Carrionas me invadió una sensación indescriptible como de estar en casa. El parador está decorado con líneas sencillas donde destaca el uso de la madera en sus techos, en las vigas y un bonito suelo de parqué que le da un toque de calidez y que unido al frío del exterior te hacía sentirte atraído hacia su interior.
Recuerdo la chimenea del salón encendida con un fuego que te empujaba a ocupar los confortables sillones y, a pesar de que el precio del café me escandalizó, no dudamos en sentarnos para saborearlo con deleite.
Pero lo mejor estaba aún por llegar, cuando descubrí que desde la cafetería se accedía a la terraza, enorme con su barandilla de madera y con unas espléndidas vistas sobre el pantano de Ruesga y la Montaña Palentina. A pesar del día tan plomizo y frío la panorámica que se extendía ante mí era imponente.
Desde entonces he visitado en muchas ocasiones este Parador y su terraza y no dejo de deleitarme con las vistas y de tomar fotografías. Debido a la corta distancia de la casa familiar nunca me he alojado en él pero no lo descarto en el futuro.
Quería compartir con vosotros esta experiencia y deseo que al leer este artículo os venga a la memoria vuestra primera vez descubriendo un Parador.

1 comentario:

  1. Que arte tienes escribiendo, mucho mejor que yo, te animo a continuar. eres la mijor. Un abrizo.

    ResponderEliminar