sábado, 14 de mayo de 2011

Granadilla, un pueblo con horario de visitas

Os dejo el artículo que he publicado en la red de paradores activo, espero que os guste tanto como a mi este pueblo abandonado y ahora rehabilitado para que todos disfrutemos de el.


Granadilla es un pueblo que se encuentre situado en el embalse de Gabriel y Galán en la provincia de Cáceres, fuimos porque el propietario de la casa rural donde nos alojábamos en Hervás nos lo recomendó con gran entusiasmo y no nos pudimos negar. Fue un acierto total.





Está amurallado en su totalidad, y se quedó como una península en medio del enorme pantano mandado construir  por Franco en los años 50, su desalojo fue progresivo, según iban avanzando las aguas al llenarse el pantano y al perder las zonas de cultivo, los habitantes del pueblo se fueron marchando. En 1966 quedó totalmente despoblado.
Declarado en 1980 conjunto histórico-artístico y la inclusión 4 años después en el programa de recuperación de pueblos abandonados ha hecho que se recupere su valor cultural e histórico. Es un pueblo con horario de visita y la verdad que este dato resulta curioso. Se va rehabilitando  mediante cursos de verano de la Junta de Extremadura, donde la gente aprende los diferentes oficios que hacen falta para restaurar las casas, la plaza, la iglesia, etc.

La muralla que lo rodea  y esa única entrada con la torre defensiva que se erige imponente sobre los visitantes,  le da un carácter medieval que sobrecoge.  El pueblo está en constante reconstrucción, siempre hay alguien haciendo alguna tarea.  Hay  talleres fijos de la Junta de Extremadura donde se imparten  los cursos de restauración y eso ha hecho que este pueblo permanezca después de su forzado desalojo y no haya desaparecido en su totalidad.

Llegar hasta allí resulta curioso, una carretera bacheada te acompaña, no pasas por ningún pueblo antes, se hace de rogar, pero llegar te traslada a otra época. No hay tiendas, ni casas rurales, solo las casas restauradas, la muralla, la iglesia y las calles empedradas. Es como si retrocedieras unos siglos atrás.

Si a esto le sumas el maravilloso paisaje alrededor del pantano, ese verdor de primavera de Extremadura, todo rodeado de árboles, y encima te encuentras con un cerdo negro cerca de tu coche, buscando raíces con su hocico,  la experiencia resulta total . Ver al cerdo en su hábitat natural impresiona, era hermoso y infundía respeto.  Pero en realidad yo no veía al cerdo en sí, solo veía jamones y paletas ibéricas. Resulta que lo tenían suelto por allí los que trabajaban en el pueblo en las labores de restauración, para que así se alimentara con los productos de la zona. Se darían un buen homenaje al sacrificarlo. Qué bien se dan los cerdos en aquella zona, con  esas encinas y sus bellotas, es el paraíso para los guarros, igual que para nosotros, el paraíso son los paradores.







1 comentario:

  1. Hola Rubén desde que vi tu artículo en paradores activo , lo dejé pendiente y en septiembre fuimos un domingo y estaba cerrado , estaba el guarda enfermo pero que quedé con muchas ganas de volver , gracias y un abrazo .
    Loli Aquitania

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