jueves, 26 de mayo de 2011

El interior de Alicante, Guadalest y las fuentes del Algar

Os dejo el artículo publicado por Lasusi en Paradores Activo, espero que os guste



Durante unas vacaciones de verano en la costa levantina con nuestros queridos primos, concretamente en Denia, tuvimos la oportunidad de explorar el interior de la provincia de Alicante habitualmente desconocido para el típico veraneante madrileño de sandalias y sombrilla.
Alicante es bien conocida por sus numerosas playas de cálidas aguas y su ciudad protegida por el imponente Castillo de Santa Bárbara dominando el cerro frente a la playa del Postiguet. La costa alicantina está plagada de pueblos ideales para el veraneante que busca playa, calor y diversión durante sus vacaciones sin embargo, la provincia de Alicante también esconde lugares que te trasladan a otro mundo como fue, en nuestro caso, el descubrimiento de las llamadas Fuentes del Algar.
El azar quiso que una compañera de trabajo de mi marido nos los recomendara encarecidamente y fue tanta su insistencia que no nos quedó más remedio que hacerle caso. Una mañana temprano dejamos la sombrilla en el apartamento y nos dirigimos al bonito pueblo de Guadalest que si no me equivoco es el pueblo con mayor número de museos de España, sólo le falta el Museo de la Pipa. En serio, existen en esta localidad museos dedicados a casi todo lo imaginable, el museo de micro miniaturas, del belén ecológico o el de saleros y pimenteros, por poner algunos ejemplos. Decidimos que no queríamos visitar ninguno de ellos y nos adentramos en el pueblo de Guadalest por su puerta principal que da acceso a la villa amurallada. Esta zona del pueblo conserva sus casas típicas, blancas y tradicionales ocupadas ahora por tiendas de artesanía, decoración y souvenirs que resultan muy pintorescas.
La visita al castillo medieval dominando el pueblo y el pantano del mismo nombre que se extiende a sus pies es muy recomendable. Es posible explorar todos los lugares de castillo, sus murallas y almenas y es un privilegiado mirador al pantano y al valle por el que habíamos accedido con el coche.



Tras la visita al centro del pueblo y al castillo decidimos comprar un poco de fruta, riquísima y fresca a un repartidor que la vendía en la carretera y volver hacia Callosa d'En Sarrià el pueblo por el que habíamos pasado por la mañana e ir a buscar las fuentes. Allí dejamos el coche y encontramos a las afueras un sendero que indicaba el acceso a las fuentes. Confieso que estuvimos a punto de darnos la vuelta al ver delante de nosotros una taquilla donde cobraban entrada para acceder a una zona de baño en plena naturaleza pero no perdimos la fe y pagamos religiosamente la entrada para encontrar lo que desde entonces llamamos "una selva". El río Algar forma allí una poza rodeada de vegetación y rocas por todas partes; había pequeñas cuevas por las que el agua se filtraba formando cascadas, las piedras estaban cubiertas de musgo y subiendo unos escalones excavados en la propia roca se remontaba el río unos cuantos metros más arriba para encontrar otra poza mayor, ésta formada por una pequeña presa que controlaba el caudal de agua que caía por las cascadas y que llenaba la primera poza de la que os hablaba cerca de la entrada.


Resulta que ese pequeño paraíso eran las piscinas "municipales" del pueblo, de ahí el hecho de que cobraran entrada. ¡Menudo privilegio poder darse un chapuzón al lado de casa en semejante paraje! Las señoras mayores cuidaban de los niños pequeños cerca de la orilla en la poza en la que daba el sol y donde menos cubría mientras que los jóvenes se bañaban y jugaban en las otras pozas. Parecía que nadie se atrevía a acceder a la zona de las cascadas y después de acercarnos a calibrar si era posible o no el acceso, los 4 nos adentramos por las rocas con cuidado de no resbalar para terminar "duchándonos" en la cascada. Debajo de la cascada el ruido era ensordecedor pero el agua estaba fresca y clara y rodeados por la exuberante vegetación se perdía toda noción de tiempo y espacio.
El resto de la tarde lo pasamos nadando y jugando a remontar la corriente del río que para tratarse del mes de Julio llevaba bastante caudal.
Cuando el sol dejó de calentar regresamos al apartamento de Denia no sin antes realizar una corta parada en el pintoresco pueblo de Altea para visitar sus calles estrechas, empinadas y jalonadas de blancas casitas. Fue un día maravilloso y completo en un lugar que hasta entonces nos era totalmente ajeno y en plena armonía con la naturaleza. Os lo recomiendo. 

1 comentario:

  1. Hola Filustro cuando estuve hace un año me encantó , un sitio precioso . Bonito artículo como nos tienes acostumbrado.
    Un beso de " Aquitania" Loli.

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