miércoles, 30 de marzo de 2011

De hospitales

¿A alguien le gusta ir al hospital?

Si a alguna persona le gusta, que se lo mire profundamente. Lo primero ese ambiente cargado, ese calor, da igual en invierno o en verano, parece un asador de pollos. Creo que con tanta temperatura los virus y bacterias están en su salsa, la verdad, no lo entiendo, alguien que me saque de este sin vivir, si sabéis la razón  hacérmela llegar.

También al entrar en un hospital te entra una sensación extraña en el cuerpo, te crees que estas tu sólo allí, que eres el único que estás malo y quieres que te atiendan a la voz de ya. Hasta la persona más tranquila y pacífica del mundo, le entran los nervios, piensas cuanto tardan, que mal está la sanidad, donde van mis impuestos, que desorganización y  muchas veces no es así, pero lo piensas, nada te apaña, vamos te transformas. Es como cuando conduces, te transformas en otra persona.

En definitiva es un lugar en el que nadie está contento, los pacientes porque están malos, los parientes y acompañantes por los las largas esperas  el ambiente, y últimamente los trabajadores por sus condiciones laborales. Hay que decir que el trabajo de estos profesionales es imprescindible para estar sanos, pero por favor bajar la jodida calefacción  que vamos a coger el sarampión.

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